El alquiler de temporada se ha consolidado como una alternativa flexible y rentable tanto para propietarios como para inquilinos. En esta guía analizamos sus principales ventajas, desventajas y requisitos legales para evitar sanciones y asegurar la tranquilidad de ambas partes.
¿Qué es un contrato de alquiler de temporada?
El contrato de alquiler de temporada es una modalidad regulada por la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) para cubrir necesidades de alojamiento temporales —como estancias laborales, académicas o vacacionales— sin que exista residencia habitual.
A diferencia del contrato de alquiler de vivienda habitual, este tipo de arrendamiento se caracteriza por su duración limitada y la justificación del motivo temporal.

Ventajas del alquiler de temporada para propietarios
- Ingresos más altos: permite rentabilizar la vivienda con tarifas diarias o semanales superiores a las de los contratos de larga duración.
- Flexibilidad: los propietarios pueden ajustar precios según la demanda estacional y no están sujetos a los límites de renta impuestos por la Ley de Vivienda.
- Mantenimiento frecuente: la rotación de inquilinos facilita revisiones y mejora la conservación del inmueble.
- Diversificación: ideal para quienes desean combinar alquileres de distintas duraciones o utilizar la vivienda en determinados periodos del año.
- Contratos asegurables: es posible proteger estos arrendamientos mediante un seguro de impago para alquileres de temporada.
Desventajas del alquiler de temporada para propietarios
- Mayor dedicación: requiere gestionar reservas, limpieza y mantenimiento frecuente.
- Ingresos variables: pueden existir periodos vacíos, especialmente fuera de temporada alta.
- Costes adicionales: los gastos de mantenimiento y suministros suelen ser más altos.
- Regulación local: algunas comunidades autónomas aplican tasas y requisitos específicos para alquileres turísticos o temporales.
Requisitos legales y consideraciones prácticas
Para que un alquiler de temporada sea válido y no se considere residencia habitual, debe incluir en el contrato:
- La justificación del uso temporal (por trabajo, estudios o vacaciones).
- Una duración determinada, normalmente entre 5 y 11 meses.
- La indicación expresa de que no constituye la vivienda permanente del inquilino.
Además, los propietarios pueden protegerse frente a impagos y daños mediante un seguro de impago de alquiler o incluir cláusulas de depósito específicas en el contrato.
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